El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

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viernes, 24 de julio de 2015

La terraza del Círculo de Bellas Artes



Atardecer desde el Círculo de Bellas Artes.

   En la calle de Alcalá, 42, en pleno centro de Madrid, se encuentra el edificio del Círculo de Bellas Artes, entidad cultural privada sin ánimo de lucro fundada en 1880. En su séptima planta se encuentra una de las terrazas con mejores vistas de todo Madrid.
 


   Cómo llegar.
   
   Si se está de visita turística por Madrid, es más que probable que pase andando por delante de este edificio. Se encuentra en plena calle Alcalá, entre las paradas de Metro de Banco de España y Sevilla, de la línea 2. Justo a su lado está el edificio del Ministerio de Educación, en la acera de enfrente la Iglesia de San José y el Instituto Cervantes, y avanzando por Alcalá, en su misma acera, nos encontramos el edificio del Banco de España, en la Plaza de Cibeles, a la que se asoma el que posiblemente sea el edifico más bonito de la capital: el Palacio de Telecomunicaciones, también llamado desde hace poco Palacio de Cibeles.
Palacio de Telecomunicaciones y fuente de Cibeles.
   
    Si se opta por el autobús, hay infinidad de líneas que pasan por delante o por las cercanas plazas de Cibeles o Sol.



                                                       

  La terraza.
Victoria alada.

   En la recepción del edificio se pueden adquirir las entradas para subir a la terraza, a la que se accede a través de un ascensor. Es antiguo, bastante lento y con gran capacidad, así que si se va en verano, como fue nuestro caso, es imprescindible el tradicional abanico para hacer más soportable el calor que se respira en su interior.

     El horario es de lunes a jueves de 9 de la mañana a 2 de la madrugada, viernes de 09:00 a 02:00 y sábados y domingos de 11:00 a 02:30. La entrada normal cuesta 4€. Para comprobar las tarifas, ante posibles cambios, se puede consultar la página http://www.circulobellasartes.com/azotea/
     
Minerva.
Palacio de Telecomunicaciones iluminado.
    Nada más abandonar el ascensor, descubrimos las espectaculares vistas. Hay dos zonas de ambiente “chill out” para sentarse o tumbarse en hamacas o colchonetas y disfrutar de alguna bebida, y otra con las mesas dispuestas para comer o cenar. Si esto último es lo que deseamos hacer, es muy recomendable reservar con bastante antelación, porque no dispone de mucho sitio y suele estar completo. El menú no es demasiado caro (para ser el sitio que es) y además nos ahorramos el precio de la entrada. En pleno verano, el calor a la hora de la comida puede ser sofocante, a pesar de los nebulizadores que refrescan el ambiente. Pero es una experiencia única cenar cuando el sol empieza a ponerse tras el edificio de Telefónica y sabiéndose protegido por la estatua de la Minerva, diosa romana de la sabiduría, las artes y la guerra, visible desde la calle.

Instituto Cervantes desde el
 Círculo de Bellas Artes.
Torres de La Castellana desde la
 terraza del Círculo de Bellas Artes.


    Sin ninguna duda, todo visitante saldrá de aquí con la convicción de que una de las mejores vistas de Madrid la tenemos desde la Terraza del Círculo de Bellas Artes.
Palacio de Telecomunicaciones desde
la Terraza del Círculo de Bellas Artes.

sábado, 1 de febrero de 2014

Isla de Lobos

Isla de Lobos.
  La Isla de Lobos es un pequeño islote canario situado a 2 kilómetros al norte de Fuerteventura, en el Océano Atlántico, frente a la costa africana. Todo su territorio, de menos de 5 kilómetros cuadrados, forma parte del Parque Natural de las Dunas de Corralejo, que tiene el resto de su extensión en Fuerteventura. Éste es uno de los motivos por lo que está enteramente protegida, y por sí sola constituye el Parque Natural del Islote de Lobos.

   Recibe su nombre de la población de focas monje o frailes del mediterráneo, también llamadas lobos marinos, que habitaban en sus aguas en el pasado. Actualmente están prácticamente desaparecidas, pese al intento de repoblación de la zona. Algunos pescadores no están muy de acuerdo con esta medida, ya que las consideran una amenaza para la pesca porque consumen de 30 a 40 kilos de pescado al día cada una.

   Cómo llegar.



Isla de Lobos.
   Hay múltiples excursiones organizadas, cuya publicidad se puede encontrar en todos los alojamientos y agencias de viajes de Fuerteventura, y se pueden contratar en cualquiera de estos establecimientos o en las casetas que se encuentran junto al puerto de Corralejo, al norte de la isla. Hay bastante oferta, así que no es necesario reservar con mucha antelación, a no ser que vayamos en temporada alta. Hay combinados de todo tipo, que incluyen comidas, cóctel a bordo, submarinismo, snorkel, etc.

   No obstante, existe otra opción más barata y sencilla que las anteriores. Desde el puerto anteriormente citado, existe un transporte regular que le comunica con el islote varias veces al día. Dos adultos y un niño: 37,5 euros (precio en 2013). Junto a la entrada del puerto hay un aparcamiento amplio donde se puede dejar el coche sin límite de tiempo. Y junto a él un supermercado donde se puede comprar el agua o la comida necesaria para la excursión. 

Las Lagunitas.
   Es recomendable, si se quiere hacer una ruta a píe, coger el de primera hora, para evitar caminar con el sol en lo alto, ya que las sombras son un valioso tesoro difícil de encontrar durante todo el trayecto. Lo mejor es comprar el billete de ida y vuelta, y no suele haber problema para cambiar la hora de regreso si queremos volvernos antes o después de la acordada, aunque conviene llamar para confirmar el cambio, sobre todo si queremos volvernos en el último del día.

   Dónde comer.


Restaurante de la Isla de Lobos.
   Sin duda la mejor opción es llevarse lo necesario para disfrutar comiendo en alguna de sus calas, procurando, como siempre, no dejar después rastro de nuestro paso por allí, siguiendo la máxima de que sea la Naturaleza la que deje huella en ti, no tú en la Naturaleza. Existen papeleras suficientes como para no dejar residuos tirados por las playas ni, por supuesto, enterrados en la arena, ya que los animales tardaran poco en devolverlos a la superficie.


   De no optar por comer de esta manera, existe un único restaurante en la isla, por lo que conviene reservar nada más llegar con el barco. No tiene pérdida puesto que hay muy pocas casas en la isla. Siguiendo por el camino a la derecha del centro de interpretación, llegaremos a él en muy pocos minutos. No habrá más de 500 metros desde el punto de desembarco.

   Qué visitar.


Maqueta de la Isla de Lobos.
   La isla es muy pequeña, así que se puede recorrer entera a pie en poco tiempo. Su principal atractivo son sus playas con sus aguas tranquilas y transparentes, ideales para los amantes del submarinismo o snorkel.

Maqueta de la Isla de Lobos.
    Mi recomendación es visitar antes de nada el centro de atención al visitante, dónde se muestra lo más importante de la isla e incluso se puede preguntar a las personas que allí trabajan, y no tienen ningún inconveniente en dar todo tipo de explicaciones y consejos con mucha amabilidad y conocimiento de la zona. Viendo la maqueta que tienen a la entrada, nos podemos hacer una idea de cómo es la isla y dónde está cada punto de interés. Si lo que queremos es hacernos una idea más general, hay una proyección de no mucha duración que se repite constantemente y nos cuenta lo esencial.

Casas de El Puertito.
   Cuando bajemos del barco, nos encontraremos con un camino. Hacia la derecha, nos lleva a la zona donde se encuentran las pocas construcciones de la isla, en El Puertito, y junto a ella hay varias zonas con aguas tranquilas donde poder disfrutar viendo el fondo del mar y los animales y plantas que lo habitan. Estas construcciones datan de antes de la declaración de zona protegida de la isla, y sus propietarios pueden acometer las obras necesarias para su conservación, pero no está permitido construir nuevas edificaciones. 

Isla de Lobos. La Caldera
desde la playa de la Calera.
Playa de la Calera.
   La playa más famosa y concurrida, no por ello abarrotada, ni muchísimo menos, se encuentra en la dirección contraria, tomando el camino hacia la izquierda. En algunos carteles está con el nombre de “Las Conchas” y en otros como “La Calera”. Es una playa de arena fina y aguas tranquilas de bastante longitud. La zona más cercana al puerto está más llena, pero según nos vamos alejando de este punto se va despejando. Al fondo, como suele ser habitual, se encuentra una zona donde se practica el nudismo, aunque nudistas y no nudistas conviven perfectamente también antes de llegar a ella. Situados en esta playa, se puede ver a lo lejos la isla de Fuerteventura y las playas de Corralejo, y, dando la espalda al mar, podemos ver la montaña de La Caldera, el punto más elevado de la isla con sus 127 metros, y a sus pies la playa de La Caleta, muy poco conocida.

   Fuera de estas zonas, no está permitido bañarse, al ser un Parque Natural. En la imagen se puede ver la protección que tiene cada zona de la isla. Como con todas las imágenes, se puede pulsar sobre ella para verla más grande y leer los textos.
Mapa de la Isla de Lobos.
Faro de Martiño.

    En el otro extremo de la isla se encuentra el faro, habitado por Antonio Hernández (Antoñito el Farero) y su familia hasta 1968, y que hoy funciona de manera automática. Si se dispone de tiempo suficiente y forma física adecuada, es una excursión totalmente recomendable. Solo hay un camino que recorre la isla, perfectamente delimitado en todo momento, por lo que no hay pérdida posible. Salirse de él, está totalmente prohibido, al ser un ecosistema muy sensible que hace que las plantas tarden mucho tiempo en crecer, y pisarlas supondría un grave problema para ellas.


La Caldera.
    Se puede hacer la ida y la vuelta desde el puerto al faro en unas 2 horas  a un ritmo suave, en una ruta sin elevadas pendientes. Yo elegí ir por el lado Este, más cercano a la orilla del mar, y volver por el Oeste, más interior. La única subida se encuentra al salir del faro, hasta llegar al cruce con el camino que lleva al volcán de La Caldera, y es muy suave. Desde ahí, hasta la playa, todo es llano o cuesta abajo.
Detalles de la ruta a pie por
 la Isla de Lobos.

    En las imágenes está marcada la ruta y muestro un gráfico con el desnivel de la misma. La altitud sobre el nivel del mar no debe ser muy correcta, ya que partí desde una playa y terminé en otra, así que habrá que tomar ese punto con el verdadero nivel del mar.

    El Faro de Martiño se encuentra aproximadamente en la mitad de la ruta, y es el mejor sitio para descansar y comer o beber algo a la sombra del edificio mirando al mar y a la isla de Lanzarote.


Molino de las Salinas de Marrajo y
generadores eólicos al fondo.
Mapa de la ruta a pie por la
 Isla de Lobos.
   Antes de llegar a la playa, viniendo desde el faro, sale a la derecha un desvío hacia las Salinas del Marrajo, ubicadas sobre una superficie arcillosa cercana a la playa, con una superficie de casi 16.000 metros cuadrados. En Canarias, se extraía sal de manera natural aprovechando las mareas, pero es a partir del Siglo XVII cuando comenzaron a construirse salinas artificiales. Las Salinas del Marrajo son de mediados del Siglo XX, así que se construyeron aprovechando lo aprendido con las explotaciones anteriores, lo que hace que sean de las más tecnológicamente avanzadas, haciendo uso de un pozo que permite que se encuentren más alejadas de la costa. Es curiosa la vista del molino antiguo y al fondo la isla de Fuerteventura, con los modernos molinos eólicos. Dos generaciones buscando aprovechar la energía limpia del viento, tan abundante en esta zona.

Caracolas.
   Lo que no encontrarás durante todo el camino es sombra, así que es imprescindible llevar la cabeza cubierta y ropa que proteja del sol, junto con una buena crema protectora. La única sombra se encuentra en el edificio del faro, un sitio ideal para descansar un rato y reponer fuerzas comiendo algo apoyado en sus paredes mirando al mar y la isla de Lanzarote, situada a unos 5-6 kilómetros hacia el norte. En días despejados, se ve perfectamente la playa de Papagayo, la punta más al sur de esta isla, y las impresionantes montañas volcánicas tan características del archipiélago canario.

Aloes.
   Algo que tampoco podemos olvidar en esta ruta es el agua, en cantidad abundante, y algo de comida para reponerse del esfuerzo, como chocolate o frutos secos. En días poco nublados, como lo son la inmensa mayoría del año, el sol no tiene ninguna piedad con el caminante, y el suelo árido de tierra y piedras sueltas multiplica su efecto devastador, así que agradeceremos llevar agua suficiente para beber e incluso para refrescarnos la cabeza o el cuerpo de vez en cuando. Sin hidratarnos correctamente y sin llevar protección, lo más normal es que caigamos redondos sobre el camino con una insolación que nos dejará, en el mejor de los casos, con un fuerte dolor de cabeza y en reposo durante los días siguientes, así que merece la pena tomar precauciones para no tener un mal recuerdo de nuestras vacaciones.

Vigilante.
   Teniendo esto presente, se disfrutará de un agradable paseo por un paraje bellísimo, bastante árido pero con alguna zona verde y con plantas como siemprevivas, tomillo, lengua de pájaro o matamoro (suaeda vera), que luchan por sobrevivir en un lugar tan duro y con tan pocas precipitaciones como éste, en el que no es habitual cruzarse con más de 20 o 30 personas en todo el trayecto. Una de esas rutas en las que llegar en el mínimo tiempo posible no es el objetivo principal. Éste queda en un segundo plano frente a la belleza del entorno, por lo que recomiendo hacerlo sin prisa, disfrutando de cada paso.

    Las rutas y estimaciones de tiempo desde el Centro de Visitantes ubicado en el puerto son las siguientes:
  • Eligiendo el camino de la izquierda:
    • Playa de la Calera o de La Concha: 6 minutos.
    • Montaña de la Caldera: 49 minutos.
    • El Puertito.
    • Faro de Martiño: 39 minutos.
  • Eligiendo el camino de la derecha:
    • El Puertito: 7 minutos.
    • Las Lagunillas: 18 minutos.
    • Faro de Martiño: 48 minutos.   
   Una vez que se ha pisado la isla, ya no será lo mismo mirar al horizonte desde las playas de Corralejo, y se siente algo de nostalgia al ver, al fondo, la preciosa Isla de Lobos.

 

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domingo, 7 de julio de 2013

Los Arribes del Duero.

    Situación.

Los Arribes del Duero.
     Elegimos como punto desde el que visitar los Arribes del Duero el pueblo de Aldeadávila de la Ribera, situado en pleno corazón del Parque Natural. Este espacio  protegido está situado, en la parte española, en la zona suroeste de la provincia de Zamora y la noroeste de Salamanca, y fue parte de esta última la que visitamos. El río marca la frontera entre España y Portugal, de ahí que la mitad del parque esté en un país y la otra mitad en el otro. La zona recibe diferentes nombres según la zona en la que se encuentre: “Los Arribes”, en masculino, en Salamanca, “Las Arribes”, en femenino, en Zamora y Parque natural del Duero Internacional en Portugal.

Naranjos en Los Arribes.
    El agua ha ido excavando la zona poco a poco, sin prisa, lentamente pero de manera tal que ha creado una profunda herida de altas y verticales paredes en la meseta, de una belleza atípica, difícil de encontrar en otros lugares y que merece la pena descubrir. Este desnivel tan elevado permite, por ejemplo, que en la zona baja haya incluso plantaciones de naranjos, al tener un microclima mucho más cálido.

       El viaje lo realizamos en diciembre de 2012, y los datos específicos, como los precios de algunos servicios, corresponden a esa fecha.

     Cómo llegar.

Oficina y escudo de
 Aldeadávila de la Ribera.
Ayuntamiento de Aldeadávila.
       La vía principal de llegada de visitantes es por la CL-517, desde Salamanca hasta Vitigudino y desde allí por la carretera SA-314 hasta Aldeadávila de la Ribera. Desde Madrid a Salamanca, bordeando Ávila, es todo autovía o autopista. Merece la pena pagar el peaje, unos 9 euros, por cruzar el puerto de Navacerrada por el túnel, si nos queremos ahorrar todas las curvas y el tráfico que suele tener la carretera nacional y ya se conoce el paisaje de la sierra.  Está a 31 kilómetros de Vitigudino, 100 de Salamanca y algo más de 300 del centro de Madrid.

  La zona forma parte del Camino Natural Senda del Duero Occidental, y, en concreto, recorrimos parte de las etapas 36, 37 y 38.
Camino Natural Senda
 del Duero Occidental 
Poste Senda del Duero.


Plano detalle Senda del Duero.



    

Qué visitar.



Aldeadávila de la Ribera.

Iglesia de El Salvador.
    Es un tranquilo municipio de alrededor de 1.400 habitantes situado a 679 metros
Placa de calle en Aldeadávila.
  sobre el nivel del mar, cuya economía se basa en el cultivo de la uva y la aceituna, principalmente. La ganadería es otra de las actividades de la zona y, sobre todo en los últimos años, está tomando más importancia el turismo rural, que ha propiciado la creación de toda una industria relacionada con él y centrada en atender al viajero que decide visitar la zona, con pequeños comercios con productos del lugar, restaurantes, hostales, casas rurales o actividades de ocio y aire libre modernos, bien preparados y de calidad, enriquecido con la amabilidad y hospitalidad propia de la gente de la meseta.


  Aparte del entorno, su principal valor arquitectónico es la Iglesia parroquial de El Salvador, situada en el centro del pueblo. 


Torre Iglesia El Salvador.
Iglesia al anochecer.
  Se desconoce el año de su construcción, aunque por una inscripción en uno de los escudos de la parte alta de la torre sostenido por uno de los niños que sirven de remate, se cree que esta comenzó en 1568 y termino en 1595. No obstante, alguna de las columnas del pórtico parecen proceder de una iglesia del siglo XIII de la que apenas quedan restos ni documentos.

 Vista desde el exterior, llama la atención la gran torre, y en su interior, su retablo mayor de estilo barroco. Como curiosidad, destacar que, si bien era común que la campana se usara para comunicar a las gentes distintos acontecimientos en muchos pueblos de España, en Aldeadávila el tañir de las campanas diferenciaba el "toque de agonía" de hombres y mujeres.
Entrada lateral
Iglesia El Salvador.
Oficina de Turismo de Aldeadávila.

    En la entrada del pueblo, junto a la vía principal, se encuentra la oficina de turismo, donde disponen de mucha información sobre qué visitar por la zona. Es muy recomendable pasar por ella para conocer destinos, rutas o modificaciones de última hora.




Detalle de la Torre de la Iglesia de Aldeadávila.

    Los arribes del Duero.

Los Arribes desde
El Picón de Felipe.
   Sin ninguna duda, lo más espectacular y exclusivo de la zona son Los Arribes del río Duero. Para verlos desde arriba hay varios miradores, entre los que destaca el Picón de Felipe o el mirador del Fraile. Algunos son accesibles en cualquier coche y otros hacen recomendable el uso de un vehículo 4x4, e incluso precisan de un posterior paseo a píe. Para los más preparados, se recomienda el uso de la bicicleta. Las vistas son impactantes y no aptas para aquellos que tengan vértigo.


Olivos en Los Arribes.
  Las paredes casi  verticales alcanzan en algunos tramos los 400 metros, y, obviamente, no hay barandillas, así que conviene andar con ojo y no acercarse demasiado, porque el firme puede estar resbaladizo y desde esa altura hasta el río no hay paradas intermedias. Los caminos que descienden hasta él sólo son aptos para quien se los conoce muy bien y para las cabras, así que no es nada recomendable andar por ellos si no se forma parte del primer grupo o se está como los del segundo.


Playa del Rostro.
Nido de aves en Los Arribes.
Los Arribes.
 Pero si desde arriba es espectacular, lo es más aún desde el propio río. Hay varios barcos que lo recorren, y cuando se acercan a algunas de sus paredes es cuando se aprecia la grandeza del lugar y lo pequeños que somos en la Naturaleza. Hay un embarcadero en la Playa del Rostro, donde también se pueden alquilar piraguas, accesible desde Corporario, y donde por 16 euros los adultos y 8 los niños (hasta 9 años, año 2012) se puede hacer un recorrido de 11 kilómetros ida y vuelta desde allí hasta la presa de Aldeadávila en aproximadamente 1:30 horas. Si se va a primera hora de la mañana, se pueden ver las aves saliendo de sus nidos en busca de comida, y si es a última de la tarde, se las ve regresar, con sus imponentes vuelos aprovechando las corrientes de aire del cañón.


Barco en Las Arribes.
 La explicación que ofrece la guía es magnífica, y añade a la parte histórica y cultural, una serie de anécdotas muy curiosas que hacen el recorrido más ameno, como los sitios por donde bajaba el cabrero, leyendas de parejas de amantes de uno y otro lado de la frontera o lugares en los que anidan las águilas o buitres. Más información en http://www.corazondelasarribes.com/situacion-crucero-duero.asp

         Presa de Aldeadávila.

Presa de Aldeadavila.
Mirador del Fraile.
   La mejor manera de apreciar los 139,5 metros de altura de esta presa es asomarse al Mirador del Fraile, que se encuentra a la derecha de la carretera, unos metros antes de la barrera que impide la entrada a las instalaciones de la presa. El coche se puede dejar aparcado en un lado sin mayor problema, y apenas hay que andar unos metros para llegar a él. El acceso es sencillo, pero no exento de peligro, así que conviene no acercarse demasiado a los bordes del sendero y llevar a los niños siempre controlados, porque un traspié puede hacer que acabemos rodando por la muy empinada ladera.

 
Los Arribes desde el
 Mirador del Fraile.
Mirador del Fraile.
 La presa fue construida en hormigón a 7 kilómetros de Aldeadávila de la Ribera entre los años 1956 y 1963, inaugurándose el 17 de octubre de 1964, aunque su primera central hidroeléctrica, Aldeadávila I, se puso en marcha en 1962. Como vemos, no es tan moderno como algunos creíamos eso de irse a hacerse la foto y comerse el canapé inaugurando algo que lleva años funcionando ;-). La segunda, Aldeadávila II, se puso en marcha en 1986, y añadió 421.000 KW a los 718.200 de la primera. Actualmente, su producción media es de 2.400 millones de kWh al año, que, para hacernos una idea, la sitúa como la primera de España en cuanto a potencia instalada y producción de electricidad, y como una de las más importantes de Europa Occidental. Dispone de un aliviadero de superficie con ocho compuertas de segmento de 14,00 por 8,30 metros.

  El embalse tiene una superficie de 368 hectáreas navegables entre impresionantes cortados, con una capacidad máxima de algo más de 114 hm³ y un nivel máximo de 327,83 metros sobre el nivel del mar. Se puede acceder a este embalse, por la parte española, desde Corporario por la playa del Rostro, Fermoselle y Villarino de los Aires, y, por la zona portuguesa, desde Peredo de Bemposta (Mogadouro).

Iglesia Hospedería de Santa Marína de La verde. 


Santa Marina de La verde.
Placa conmemorativa.

  Fue un antiguo monasterio franciscano en la Edad Media, reconstruido por Iberduero en 1960 junto con las obras del salto y la presa de Aldeadávila de la Ribera, como podemos leer en una placa cerámica que aún se conserva en bastante buen estado. Prueba de la fama que llegó a tener este lugar lo demuestra el hecho de que Don Miguel de Unamuno reconociera que el principal objetivo de su viajes a Los Arribes fuera conocerlo.

Piedra año 1769.
Fuente Iglesia de La Verde.

 Al edificio original se le fueron sumando otros con el paso de los años, y llegó a tener una escuela de Gramática, creada en 1532, y otra de Ética, donde las familias pudientes mandaban a sus hijos a formarse. En ella residían de manera permanente unos 30 frailes franciscanos de la Orden Menor de San Miguel, pero acabó en ruinas tras la Desamortización de Mendizábal en 1834.

Patio de Santa Marina de La Verde.
Detalle del patio de Santa Marina
de La Verde.
Actualmente, se compone de dos partes diferenciadas : la Hospedería, que era el convento de los frailes de San Francisco, y la Iglesia del siglo XIII, con portada del XV de arco de medio punto con grandes dovelas, bastante bien restaurada en su exterior. Tiene detalles escultóricos procedentes del s.XV, pero su  retablo se trasladó a la Ermita de la Santa de Aldeadávila, y varias piezas escultóricas están en el núcleo de la villa. El interior, peor conservado, da una idea de la admiración de los primeros moradores por el medio ambiente, con referencias constantes a elementos de la naturaleza.

Escalera de acceso.
Escalera de piedra.
  Se accede a la Hospedería directamente con el coche desde un pequeño desvio, aunque aún se conservan las antiguas escaleras de piedra a las que los años y la Naturaleza han dotado de un encanto muy especial que hacen incluso apetecible subir o bajar por sus empinados escalones, pero que también nos hacen ver que el lugar, sin ninguna dudas, vivió tiempos mejores, o, al menos, con más gente haciendo uso de él.
         

  El pozo de los humos.

Pozo de los Humos.
Pasarela Pozo de los Humos.
  Llegar al pozo de los humos nos supone un esfuerzo físico que será gratamente compensado por la belleza  del entorno por el que discurre el camino y lo que nos espera al final de él. Conduciendo desde la localidad de Masueco, llegaremos a una zona habilitada como aparcamiento donde hay que dejar el coche, antes de la barrera que marca el comienzo del sendero que habrá que recorrer a pie. Es un recorrido cómodo de entre uno y dos kilómetros, siempre por   buen camino, cuesta abajo a la ida e, irremediablemente, cuesta arriba a la vuelta, lo que obliga a ir bien provisto de agua y algo de comida para recuperar fuerzas, ropa de abrigo si se hace en invierno, que posiblemente nos sobrará en el regreso, y gorra y protector solar en verano. La senda es conocida como “La senda de Unamuno” desde que la recorrió Don Miguel, y que  dijo que “La Caída de esas aguas es una de las más hermosas que pueden verse en aquellos adustos tajos“. Al no estar el cauce regulado por ningún embalse, el periodo en el que lo encontraremos más espectacular es el comprendido entre los meses de diciembre a mayo, por ser éste en el que más agua baja.


Cartel explicativo Pozo de los Humos.
 Al final de la senda, descubrimos cómo el río Uces, afluente del Duero, se deja caer por una cascada que tiene una altura de 50 metros. Para hacernos una idea de lo que eso supone, baste decir que las Cataratas del Niagara, con 52 metros, solo la superan en 2. La violencia con la que el agua golpea en la base de la cascada produce una nube de vapor, “los humos”, que dan nombre al lugar. De lo impenetrable de su base da cuenta la leyenda que de la zona en la que se dice que cierto día cayó aquí un campesino que circulaba con su carro tirado por bueyes, y que nunca se encontraron sus restos por más que se aunaron todas las sogas del lugar en un rescate que acabó siendo infructuoso.

   Los más osados pueden asomarse a una pasarela anclada a la piedra que sobrevuela parte de la caída y que parece desafiar las leyes de la gravedad. No es apto para aquellos que temen las alturas.

        Recorrido en 4x4.



El Arribito.
Milano.
   Hay una empresa, “El Arribito”, que organiza excursiones de algo más de 2 horas en 4x4 por la zona por 8€ los adultos y 5€ los niños. Tuvimos la suerte de que nos llevara Luis, el hijo del último cabrero de la zona, al que le han levantado un monumento en Aldeadávila. Aparte de excelente conocedor del entorno, se ve que es un amante de la Naturaleza, experto en la fauna y flora de la zona, así como de lugares “escondidos” con mucha historia. Además de saber, tiene gran capacidad para comunicar esa sabiduría, y su agradable conversación hace mucho más ameno el precioso paseo por los lugares que se visitan, como el comedero de aves, una zona “recreativa” con mesas y bancos ideal para comer o merendar en pleno campo, espectaculares miradores o antiguas construcciones aún en uso por pastores o agricultores. 


Aceitunas de Los Arribes.
  La visita a la presa de Aldeadávila la ilustró con unas fotos históricas a gran tamaño de la construcción y anécdotas ocurridas durante la misma, accidentes producidos por crecidas de río incluidos. En el mes de diciembre el paseo entre olivares puede coincidir con la recogida de la aceituna, en la que aún convive la manera tradicional, con vara y recogida a mano, con la más moderna, realizada con ruidosas máquinas que optimizan el esfuerzo y que, poco a poco, se van convirtiendo en lo habitual, haciendo más cómoda la vida del agricultor, aunque perturbe algo (bastante poco, creo yo) la tranquila visita de los foráneos.

  Además de estas rutas, se pueden concertar con él otras a píe de distinto nivel de dificultad, desde las más sencillas hasta las sólo aptas para expertos caminantes. En invierno, conviene ir preparados para soportar temperaturas cercanas a los 0ºC en las zonas sombrías, y en verano el calor con el sol apretando hace obligatorio el uso de gorra y llevar agua suficiente.

   Observatorio de aves y Fuente del Mendo.


Observatorio de aves de Aldeadávila.
Aves y Luna.
  Se encuentra a unos 10 kilómetros del municipio de Aldeadávila, muy cerca del río Duero y, por tanto, de la frontera con Portugal. Se accede a él por una pista de tierra con fuertes pendientes en algunos tramos, lo que hace imposible que se pueda llegar fácilmente en un vehículo que no sea 4x4. Lo más recomendable: en bicicleta o a pie, siempre que se esté en buena forma.

Milano.
Milano.
    Conserva un refugio en muy buen estado desde donde divisar las aves a cubierto. Junto a él, se puede dejar el coche y pasear por la pista tranquilamente, disfrutando de la tranquilidad del lugar intentando hacer poco ruido y, si es posible, pasando desapercibido para que las aves no se sientan amenazadas y vuelen tranquilamente sobre nuestras cabezas.
Milano.

     Dónde comer.

    La zona está bastante preparada para acoger a los turistas en temporada media o baja. Al ser pueblos pequeños, no se les puede pedir que sus infraestructuras estén dimensionadas para recibir sin agobios a todos los turistas de temporada alta, pero aún es una zona no demasiado conocida y eso hace que esos días sean los menos.
        
    En Aldeadávila hay varios restaurantes donde se puede comer muy bien y con precios asumibles. Entre ellos, están:

   -  Cafetería – Restaurante El Paraíso. Tiene un comedor interior bastante grande, con capacidad para grupos numerosos. Esa amplitud le resta cierto encanto, aunque la decoración está bastante cuidada. La carta, en la que destaca la presa ibérica, es bastante completa, estando especializado en carnes a la brasa. Se puede comer a la carta por unos 20 euros y disponen de menú diario más barato.

    -  Restaurante - Centro Rural El Portal de las Arribes, situado en la calle Sor Alegría, 5. Su capacidad no es demasiada, así que en caso de que veamos que hay muchos turistas por la zona, conviene reservar. Ese pequeño tamaño le hace ser aún más acogedor.


Huevos del corral 
con jamón ibérico.
Alubias con matanza.
   Es destacable su surtido de ibéricos salmantinos (12€)y sus primeros, en los que mención aparte merecen sus alubias (¡¡ 4,50€ !!), exquisitas de sabor y lo mejor para entrar en calor, la ensalada de la casa ( 7€) o los huevos del corral con jamón ibérico (8€). Las carnes para el plato principal no se quedan atrás: solomillo (18,50€), entrecotte (15,50€), chuletón de ternera de 400 gr. (15,50€)… nada defrauda ni en sabor ni en cantidad. Y para terminar, su arroz con leche y el requesón (3,50€), ponen la guinda al disfrute culinario, que se puede regar con una buena variedad de vinos Ribera del Duero, como no podía ser de otra manera (desde 7,50€). También disponen de habitaciones. La atención por parte del personal fue estupenda, así que se llevan el sobresaliente. Su página web es http://www.elportaldelasarribes.es/

    Dónde dormir.



    Hay varios hoteles de categorías intermedias por la zona, así como casas rurales y la opción que elegimos nosotros en Aldeadávila: cabañas de madera. 

Cabañas y piscina.
Cabañas Miraduero.
 Su nombre es “Cabañas Miraduero”, porque precisamente miran hacia el río (aunque el agua no se ve, lógicamente). Están bastante nuevas, apenas un año y medio cuando estuvimos nosotros, muy limpias y cuidadas. La calefacción es más que suficiente incluso para pleno invierno, y, en caso de estar fría, disponen de una bomba de calor que en pocos minutos las caldean. El espacio es el justo para una familia con dos niños, e incluso alguno más puede dormir en el salón. Las grandes, tienen dos habitaciones con dos camas o una de matrimonio que dan al salón con cocina americana y un pequeño baño con ducha.
Naranjos en Los Arribes.
   La misma familia gestiona un hotel en el mismo pueblo y la panadería anexa, que da a la plaza con el monumento al último cabrero. Las magdalenas que venden en ella, el queso y el aceite de las olivas del lugar son auténticos placeres para el paladar. Lo que no vimos fueron naranjas, ya que estas suelen destinarse al consumo propio.


  Espero que disfrutes de tu paso por una zona que nos recuerda los famosos fiordos noruegos, salvando las distancias: Los Arribes del Duero.