El coraje iluminó el viejo mundo con la nueva luz.

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viernes, 24 de julio de 2015

La terraza del Círculo de Bellas Artes



Atardecer desde el Círculo de Bellas Artes.

   En la calle de Alcalá, 42, en pleno centro de Madrid, se encuentra el edificio del Círculo de Bellas Artes, entidad cultural privada sin ánimo de lucro fundada en 1880. En su séptima planta se encuentra una de las terrazas con mejores vistas de todo Madrid.
 


   Cómo llegar.
   
   Si se está de visita turística por Madrid, es más que probable que pase andando por delante de este edificio. Se encuentra en plena calle Alcalá, entre las paradas de Metro de Banco de España y Sevilla, de la línea 2. Justo a su lado está el edificio del Ministerio de Educación, en la acera de enfrente la Iglesia de San José y el Instituto Cervantes, y avanzando por Alcalá, en su misma acera, nos encontramos el edificio del Banco de España, en la Plaza de Cibeles, a la que se asoma el que posiblemente sea el edifico más bonito de la capital: el Palacio de Telecomunicaciones, también llamado desde hace poco Palacio de Cibeles.
Palacio de Telecomunicaciones y fuente de Cibeles.
   
    Si se opta por el autobús, hay infinidad de líneas que pasan por delante o por las cercanas plazas de Cibeles o Sol.



                                                       

  La terraza.
Victoria alada.

   En la recepción del edificio se pueden adquirir las entradas para subir a la terraza, a la que se accede a través de un ascensor. Es antiguo, bastante lento y con gran capacidad, así que si se va en verano, como fue nuestro caso, es imprescindible el tradicional abanico para hacer más soportable el calor que se respira en su interior.

     El horario es de lunes a jueves de 9 de la mañana a 2 de la madrugada, viernes de 09:00 a 02:00 y sábados y domingos de 11:00 a 02:30. La entrada normal cuesta 4€. Para comprobar las tarifas, ante posibles cambios, se puede consultar la página http://www.circulobellasartes.com/azotea/
     
Minerva.
Palacio de Telecomunicaciones iluminado.
    Nada más abandonar el ascensor, descubrimos las espectaculares vistas. Hay dos zonas de ambiente “chill out” para sentarse o tumbarse en hamacas o colchonetas y disfrutar de alguna bebida, y otra con las mesas dispuestas para comer o cenar. Si esto último es lo que deseamos hacer, es muy recomendable reservar con bastante antelación, porque no dispone de mucho sitio y suele estar completo. El menú no es demasiado caro (para ser el sitio que es) y además nos ahorramos el precio de la entrada. En pleno verano, el calor a la hora de la comida puede ser sofocante, a pesar de los nebulizadores que refrescan el ambiente. Pero es una experiencia única cenar cuando el sol empieza a ponerse tras el edificio de Telefónica y sabiéndose protegido por la estatua de la Minerva, diosa romana de la sabiduría, las artes y la guerra, visible desde la calle.

Instituto Cervantes desde el
 Círculo de Bellas Artes.
Torres de La Castellana desde la
 terraza del Círculo de Bellas Artes.


    Sin ninguna duda, todo visitante saldrá de aquí con la convicción de que una de las mejores vistas de Madrid la tenemos desde la Terraza del Círculo de Bellas Artes.
Palacio de Telecomunicaciones desde
la Terraza del Círculo de Bellas Artes.

sábado, 1 de febrero de 2014

Isla de Lobos

Isla de Lobos.
  La Isla de Lobos es un pequeño islote canario situado a 2 kilómetros al norte de Fuerteventura, en el Océano Atlántico, frente a la costa africana. Todo su territorio, de menos de 5 kilómetros cuadrados, forma parte del Parque Natural de las Dunas de Corralejo, que tiene el resto de su extensión en Fuerteventura. Éste es uno de los motivos por lo que está enteramente protegida, y por sí sola constituye el Parque Natural del Islote de Lobos.

   Recibe su nombre de la población de focas monje o frailes del mediterráneo, también llamadas lobos marinos, que habitaban en sus aguas en el pasado. Actualmente están prácticamente desaparecidas, pese al intento de repoblación de la zona. Algunos pescadores no están muy de acuerdo con esta medida, ya que las consideran una amenaza para la pesca porque consumen de 30 a 40 kilos de pescado al día cada una.

   Cómo llegar.



Isla de Lobos.
   Hay múltiples excursiones organizadas, cuya publicidad se puede encontrar en todos los alojamientos y agencias de viajes de Fuerteventura, y se pueden contratar en cualquiera de estos establecimientos o en las casetas que se encuentran junto al puerto de Corralejo, al norte de la isla. Hay bastante oferta, así que no es necesario reservar con mucha antelación, a no ser que vayamos en temporada alta. Hay combinados de todo tipo, que incluyen comidas, cóctel a bordo, submarinismo, snorkel, etc.

   No obstante, existe otra opción más barata y sencilla que las anteriores. Desde el puerto anteriormente citado, existe un transporte regular que le comunica con el islote varias veces al día. Dos adultos y un niño: 37,5 euros (precio en 2013). Junto a la entrada del puerto hay un aparcamiento amplio donde se puede dejar el coche sin límite de tiempo. Y junto a él un supermercado donde se puede comprar el agua o la comida necesaria para la excursión. 

Las Lagunitas.
   Es recomendable, si se quiere hacer una ruta a píe, coger el de primera hora, para evitar caminar con el sol en lo alto, ya que las sombras son un valioso tesoro difícil de encontrar durante todo el trayecto. Lo mejor es comprar el billete de ida y vuelta, y no suele haber problema para cambiar la hora de regreso si queremos volvernos antes o después de la acordada, aunque conviene llamar para confirmar el cambio, sobre todo si queremos volvernos en el último del día.

   Dónde comer.


Restaurante de la Isla de Lobos.
   Sin duda la mejor opción es llevarse lo necesario para disfrutar comiendo en alguna de sus calas, procurando, como siempre, no dejar después rastro de nuestro paso por allí, siguiendo la máxima de que sea la Naturaleza la que deje huella en ti, no tú en la Naturaleza. Existen papeleras suficientes como para no dejar residuos tirados por las playas ni, por supuesto, enterrados en la arena, ya que los animales tardaran poco en devolverlos a la superficie.


   De no optar por comer de esta manera, existe un único restaurante en la isla, por lo que conviene reservar nada más llegar con el barco. No tiene pérdida puesto que hay muy pocas casas en la isla. Siguiendo por el camino a la derecha del centro de interpretación, llegaremos a él en muy pocos minutos. No habrá más de 500 metros desde el punto de desembarco.

   Qué visitar.


Maqueta de la Isla de Lobos.
   La isla es muy pequeña, así que se puede recorrer entera a pie en poco tiempo. Su principal atractivo son sus playas con sus aguas tranquilas y transparentes, ideales para los amantes del submarinismo o snorkel.

Maqueta de la Isla de Lobos.
    Mi recomendación es visitar antes de nada el centro de atención al visitante, dónde se muestra lo más importante de la isla e incluso se puede preguntar a las personas que allí trabajan, y no tienen ningún inconveniente en dar todo tipo de explicaciones y consejos con mucha amabilidad y conocimiento de la zona. Viendo la maqueta que tienen a la entrada, nos podemos hacer una idea de cómo es la isla y dónde está cada punto de interés. Si lo que queremos es hacernos una idea más general, hay una proyección de no mucha duración que se repite constantemente y nos cuenta lo esencial.

Casas de El Puertito.
   Cuando bajemos del barco, nos encontraremos con un camino. Hacia la derecha, nos lleva a la zona donde se encuentran las pocas construcciones de la isla, en El Puertito, y junto a ella hay varias zonas con aguas tranquilas donde poder disfrutar viendo el fondo del mar y los animales y plantas que lo habitan. Estas construcciones datan de antes de la declaración de zona protegida de la isla, y sus propietarios pueden acometer las obras necesarias para su conservación, pero no está permitido construir nuevas edificaciones. 

Isla de Lobos. La Caldera
desde la playa de la Calera.
Playa de la Calera.
   La playa más famosa y concurrida, no por ello abarrotada, ni muchísimo menos, se encuentra en la dirección contraria, tomando el camino hacia la izquierda. En algunos carteles está con el nombre de “Las Conchas” y en otros como “La Calera”. Es una playa de arena fina y aguas tranquilas de bastante longitud. La zona más cercana al puerto está más llena, pero según nos vamos alejando de este punto se va despejando. Al fondo, como suele ser habitual, se encuentra una zona donde se practica el nudismo, aunque nudistas y no nudistas conviven perfectamente también antes de llegar a ella. Situados en esta playa, se puede ver a lo lejos la isla de Fuerteventura y las playas de Corralejo, y, dando la espalda al mar, podemos ver la montaña de La Caldera, el punto más elevado de la isla con sus 127 metros, y a sus pies la playa de La Caleta, muy poco conocida.

   Fuera de estas zonas, no está permitido bañarse, al ser un Parque Natural. En la imagen se puede ver la protección que tiene cada zona de la isla. Como con todas las imágenes, se puede pulsar sobre ella para verla más grande y leer los textos.
Mapa de la Isla de Lobos.
Faro de Martiño.

    En el otro extremo de la isla se encuentra el faro, habitado por Antonio Hernández (Antoñito el Farero) y su familia hasta 1968, y que hoy funciona de manera automática. Si se dispone de tiempo suficiente y forma física adecuada, es una excursión totalmente recomendable. Solo hay un camino que recorre la isla, perfectamente delimitado en todo momento, por lo que no hay pérdida posible. Salirse de él, está totalmente prohibido, al ser un ecosistema muy sensible que hace que las plantas tarden mucho tiempo en crecer, y pisarlas supondría un grave problema para ellas.


La Caldera.
    Se puede hacer la ida y la vuelta desde el puerto al faro en unas 2 horas  a un ritmo suave, en una ruta sin elevadas pendientes. Yo elegí ir por el lado Este, más cercano a la orilla del mar, y volver por el Oeste, más interior. La única subida se encuentra al salir del faro, hasta llegar al cruce con el camino que lleva al volcán de La Caldera, y es muy suave. Desde ahí, hasta la playa, todo es llano o cuesta abajo.
Detalles de la ruta a pie por
 la Isla de Lobos.

    En las imágenes está marcada la ruta y muestro un gráfico con el desnivel de la misma. La altitud sobre el nivel del mar no debe ser muy correcta, ya que partí desde una playa y terminé en otra, así que habrá que tomar ese punto con el verdadero nivel del mar.

    El Faro de Martiño se encuentra aproximadamente en la mitad de la ruta, y es el mejor sitio para descansar y comer o beber algo a la sombra del edificio mirando al mar y a la isla de Lanzarote.


Molino de las Salinas de Marrajo y
generadores eólicos al fondo.
Mapa de la ruta a pie por la
 Isla de Lobos.
   Antes de llegar a la playa, viniendo desde el faro, sale a la derecha un desvío hacia las Salinas del Marrajo, ubicadas sobre una superficie arcillosa cercana a la playa, con una superficie de casi 16.000 metros cuadrados. En Canarias, se extraía sal de manera natural aprovechando las mareas, pero es a partir del Siglo XVII cuando comenzaron a construirse salinas artificiales. Las Salinas del Marrajo son de mediados del Siglo XX, así que se construyeron aprovechando lo aprendido con las explotaciones anteriores, lo que hace que sean de las más tecnológicamente avanzadas, haciendo uso de un pozo que permite que se encuentren más alejadas de la costa. Es curiosa la vista del molino antiguo y al fondo la isla de Fuerteventura, con los modernos molinos eólicos. Dos generaciones buscando aprovechar la energía limpia del viento, tan abundante en esta zona.

Caracolas.
   Lo que no encontrarás durante todo el camino es sombra, así que es imprescindible llevar la cabeza cubierta y ropa que proteja del sol, junto con una buena crema protectora. La única sombra se encuentra en el edificio del faro, un sitio ideal para descansar un rato y reponer fuerzas comiendo algo apoyado en sus paredes mirando al mar y la isla de Lanzarote, situada a unos 5-6 kilómetros hacia el norte. En días despejados, se ve perfectamente la playa de Papagayo, la punta más al sur de esta isla, y las impresionantes montañas volcánicas tan características del archipiélago canario.

Aloes.
   Algo que tampoco podemos olvidar en esta ruta es el agua, en cantidad abundante, y algo de comida para reponerse del esfuerzo, como chocolate o frutos secos. En días poco nublados, como lo son la inmensa mayoría del año, el sol no tiene ninguna piedad con el caminante, y el suelo árido de tierra y piedras sueltas multiplica su efecto devastador, así que agradeceremos llevar agua suficiente para beber e incluso para refrescarnos la cabeza o el cuerpo de vez en cuando. Sin hidratarnos correctamente y sin llevar protección, lo más normal es que caigamos redondos sobre el camino con una insolación que nos dejará, en el mejor de los casos, con un fuerte dolor de cabeza y en reposo durante los días siguientes, así que merece la pena tomar precauciones para no tener un mal recuerdo de nuestras vacaciones.

Vigilante.
   Teniendo esto presente, se disfrutará de un agradable paseo por un paraje bellísimo, bastante árido pero con alguna zona verde y con plantas como siemprevivas, tomillo, lengua de pájaro o matamoro (suaeda vera), que luchan por sobrevivir en un lugar tan duro y con tan pocas precipitaciones como éste, en el que no es habitual cruzarse con más de 20 o 30 personas en todo el trayecto. Una de esas rutas en las que llegar en el mínimo tiempo posible no es el objetivo principal. Éste queda en un segundo plano frente a la belleza del entorno, por lo que recomiendo hacerlo sin prisa, disfrutando de cada paso.

    Las rutas y estimaciones de tiempo desde el Centro de Visitantes ubicado en el puerto son las siguientes:
  • Eligiendo el camino de la izquierda:
    • Playa de la Calera o de La Concha: 6 minutos.
    • Montaña de la Caldera: 49 minutos.
    • El Puertito.
    • Faro de Martiño: 39 minutos.
  • Eligiendo el camino de la derecha:
    • El Puertito: 7 minutos.
    • Las Lagunillas: 18 minutos.
    • Faro de Martiño: 48 minutos.   
   Una vez que se ha pisado la isla, ya no será lo mismo mirar al horizonte desde las playas de Corralejo, y se siente algo de nostalgia al ver, al fondo, la preciosa Isla de Lobos.

 

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jueves, 29 de agosto de 2013

Liubliana - Ljubjana.


Dragón de Liubliana.
Fuente Robba.
   Liubliana, o Ljubljana en esloveno, es la capital de Eslovenia y la mayor ciudad del país, con una población de unos 270.000 habitantes. Su casco antiguo está muy bien conservado, y merece la pena dedicar unos días a conocerla y pasear por sus calles. Si no se dispone de mucho tiempo, en 4 ó 5 horas se puede conocer a pie lo más destacado, al estar sus principales puntos de interés muy cerca unos de otros.

   La sensación de seguridad es absoluta, cumpliendo plenamente con su fama de ciudad tranquila y segura.


   Cómo llegar.


Candados con el Puente de los
Dragones al fondo.
  El aeropuerto se encuentra a unos 25 kilómetros del centro de la ciudad, y es el único aeropuerto internacional del país. No tiene demasiado vuelos y éstos no suelen ser baratos, así que mucha gente baraja la opción de volar a Venecia (a 245 kilómetros) o Trieste (a 95) y desplazarse desde allí en coche, aprovechando para conocer el resto del país, algo que, sin ninguna duda, merece mucho la pena. 

   Otra opción es llegar desde Zagreb, la capital croata, que se encuentra a 139 kilómetros. La carretera es muy buena, en su mayor parte autopista, y se tarda en llegar poco menos de 1 hora y media.

   Hay que recordar que es obligatorio comprar la pegatina que permite circular por las autopistas eslovenas. Se puede hacer en el propio país o también puede hacerse en algunas gasolineras croatas cercanas a la frontera. Llevándola, no es necesario parar en los puntos de peaje.
Puente de los Dragones.

   Si se accede con coche, se puede dejar en un amplio aparcamiento que se encuentra junto al Puente de los Dragones. Es barato, cómodo y de fácil acceso. Además, los domingos es gratuito. Desde ahí, se puede recorrer la ciudad a pie en un cómodo paseo de poco más de 800 metros bordeando el río. Mi recomendación es elegir la orilla en la que se encuentra el parking para la ida, menos bulliciosa y más atractiva desde el punto de vista turístico, y la contraria para la vuelta, con más locales comerciales y hermosas vistas de los edificios que miran al río.

   La estación de autobuses y la del tren se encuentran en pleno centro de la ciudad histórica y cerca por tanto de la mayoría de los hoteles, así que es una muy buena opción para aquellos turistas que deseen conocerlo.

  Qué visitar.


   Puentes de Liubliana.


   Es obligatorio para cualquier visitante de la ciudad cruzar de un lado a otro del río deleitándose con sus magníficos puentes. Hay bastantes, pero destacan en especial tres de ellos: el de Los Dragones, el Puente Triple y el Puente de los Zapateros.

   Puente de los Dragones.

Puente de los Dragones.
Puente de los Dragones.
  Es el principal atractivo turístico y foto principal de todos los folletos. El puente tiene cuatro grandes dragones, uno es cada extremo, y otros más pequeños a lo largo de su estructura, de escasos 50 metros. Suele ser el  punto en que se da la vuelta en los recorridos a pie de la ciudad, ya que más allá no existen lugares muy atractivos. Fue construido a principios del siglo XX en honor del Emperador Francisco José, y es un claro ejemplo del Art Nouveau.

   Puente triple.


Puente triple.
Puente Triple.
  Es quizá el más bullicioso al encontrarse en el centro de la zona histórica y turística, junto a la Plaza Preseren. El hecho que lo diferencia de los puentes normales es el de tener tres ramales diferentes, algo nada habitual.

   Si aprieta el calor, se puede disfrutar de unos estupendos helados que venden en la orilla opuesta a la de la Plaza Preseren.

   Puente de los Zapateros.


  Recibe su nombre de los antiguos locales de zapateros que se encontraban junto a él. En la actualidad, se pueden ver multitud de zapatos viejos colgando de cables en la calle que se encuentra en uno de sus extremos.

   Catedral de San Nicolás.


Cúpulas de la Catedral de San Nicolás.
   Inicialmente de origen románico, posteriormente gótica y finalmente barroca, esta Catedral sorprende por su verde cúpula, el mismo color que las puntas de sus dos torres gemelas.

   Está situada en la Plaza Vodnic, cerca del Puente Triple.

   La entrada es gratuita (2013).

   Plaza Preseren. Iglesia de la Anunciación.


Iglesia Franciscana
de la Anunciación.
Art Nouveau
Casa Urbanc.
 Es la zona más bulliciosa de la ciudad. Su amplio espacio da cabida a muchos turistas que deciden hacer un alto en su visita y tomarse un respiro. A su alrededor se amontonan los restaurantes y cafeterías dispuestos a ayudarnos a relajarnos un rato. Está dedicada a uno de sus más famosos compatriotas, el poeta France Preseren y en ella se encuentra el monumento en su honor junto a su musa Julia.

   Desde la plaza se puede ver la fachada principal de la Iglesia Franciscana de la Anunciación y un ejemplo del Art Nouveau de la ciudad, la Casa Urbanc, actualmente Galeria Emporium.
Monumento al poeta Preseren
y Puente Triple.

   Castillo.


Castillo de Liubliana.
   Data de la Alta Edad Media, y está situado en una colina desde la que se disfruta de una vista completa de la ciudad y sus rojos tejados, situados unos 70 metros más abajo.

   Este desnivel se puede salvar andando por alguno de los senderos que cruzan el bosque que lo rodea, en coche o en un funicular que apenas tarda un minuto en cubrir el recorrido y que en verano abre de 9 de la mañana a 11 de la noche (http://www.ljubljanskigrad.si/plan-your-visit/funicular-railway/).



   Sus calles.

Calle  Kljucavnikarsca.
Reloj del Ayuntamiento.
   Perderse por sus plazas, calles y callejuelas, sin destino fijo, es una actividad obligatoria en esta ciudad, disfrutando de sus calles empedradas y edificios típicos de la época medieval o barrocos en la parte antigua, en el lado del río donde está el Castillo, o de influencia Art Noveau en la orilla opuesta. Aún no es una ciudad saturada por el turismo, y se puede disfrutar de ello sin aglomeraciones ni prisas. Altamente recomendable.

    Destaca la Plaza Municipal, donde se encuentra su Ayuntamiento y la Fuente de Robba. Está menos transitada que la Plaza de Preseren y una de las estrechas calles que desembocan en ella es Kljucavnikarsca, de nombre impronunciable pero que, desde 2009, adorna su suelo con curiosas caras realizadas en bronce con diferentes muecas.

     Para los más pequeños (o mayores a los que no les guste mucho andar), existe la posibilidad de subirse a un tren turístico que recorre los principales puntos de la ciudad.

    Dónde comer.

Castillo y río de Liubliana.
Terraza junto al rio.
    Junto al río hay bastantes restaurantes y cafeterías con amplia oferta y precios económicos, comparados con los de los principales países europeos. Se puede comer bien a partir de 10 o 15 euros (datos de agosto de 2013). Bajo alguno de los puentes, hay locales donde se puede tomar algo sentado junto al río. Están muy bien puestos pero el precio es mayor.

     Dónde dormir.

Detalle fachada Casa Urbanc.
    Liubliana es una ciudad pequeña y abierta al turismo de hace poco tiempo, por lo que no dispone de una amplia oferta hoteles. La mayoría de ellos se encuentran en pleno centro, entre la Avenida Tivolska y el río.

    Otra opción más barata, y por la que nosotros nos decantamos, es alojarse en alguno de lo pueblos cercarnos, en casas rurales o granjas que disponen de habitación. Nosotros elegimos una cerca de Bled, a unos 50 kilómetros por autopista, con punto desde el cuál desplazarnos para conocer el país. 

      Cuándo visitarla.

Imagen de  fachada.
Muecas en la calle Kljucavnikarsca.
      El verano es la mejor época, pero teniendo en cuenta que si se coincide con una ola de calor como  la que tuvieron durante algunos días en 2013, con temperaturas cercanas a los 40º C, se puede pasar bastante mal porque no están preparados para ello, como es lógico, porque estos fenómenos no son, ni mucho menos, habituales. Lo normal es que disfruten de temperaturas cercanas a los 25-30 grados durante los meses de julio y agosto.

     Los inviernos suelen ser bastante fríos, habiéndose registrado temperaturas cercanas a los -20º C, aunque lo normal es que ronden los 0-2 grados en los meses de diciembre, enero y febrero.
Monumento al poeta France Preseren y su musa Julia.

    Sin duda, un descubrimiento que nos gustó más de lo que esperábamos y que no tardará en hacerse muy popular: Liubliana.